Prepara el baño de maría: Llena una cacerola con agua hasta la mitad y llévala a ebullición suave. Reduce el fuego para mantener un hervor lento. El tazón que uses para batir las yemas no debe tocar el agua.
Mezcla las yemas y el jugo de limón: En un tazón resistente al calor, añade las 3 yemas de huevo y 1 cucharada de jugo de limón fresco. Bate vigorosamente hasta que las yemas estén bien combinadas y ligeramente espumosas.
Cocina en baño de maría: Coloca el tazón con la mezcla de yemas sobre la cacerola con agua hirviendo a fuego lento. Asegúrate de que el fondo del tazón no toque el agua. Bate continuamente las yemas con un batidor de mano para evitar que se coagulen. Cocina hasta que las yemas espesen y adquieran un color amarillo claro, lo que debería tomar unos 3-5 minutos. La temperatura de las yemas debe alcanzar aproximadamente 60-65°C (140-150°F).
Agrega la mantequilla derretida: Una vez que las yemas estén espesas, comienza a añadir la mantequilla derretida en un chorro lento y constante mientras sigues batiendo. Es crucial añadir la mantequilla poco a poco para que la salsa emulsione correctamente. Sigue batiendo hasta que toda la mantequilla se haya incorporado y la salsa esté suave y espesa. Si la salsa se vuelve demasiado espesa, puedes añadir una cucharadita de agua caliente para ajustar la consistencia.
Sazona la salsa: Retira el tazón del calor y sazona la salsa con sal al gusto. Si deseas, añade una pizca de pimienta de cayena o pimentón para darle un toque de sabor y color.
Mantén caliente: La salsa holandesa debe servirse inmediatamente. Si necesitas mantenerla caliente durante un corto período, puedes dejar el tazón sobre el agua caliente del baño maría, pero fuera del fuego directo. Cubre la superficie de la salsa con film plástico para evitar que se forme una piel.