La tabla de quesos perfecta

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La tabla de quesos es el paraíso de la mesa y, bien preparada, es uno de los mayores placeres de la vida, además de ser una gran opción para ofrecer en una reunión. Pero cuando nos enfrentamos a la —aparentemente sencilla— tarea de preparar una tabla, empiezan a surgir muchísimas dudas: ¿sabemos prepararla correctamente?, ¿qué quesos debemos poner y cuántas variedades?, ¿cómo organizarlos?, ¿qué acompañamientos son adecuados?, y así puedes ir agregando muchas más.

Estas son las claves para conseguir el éxito total:

Decide el tipo de tabla

Es importante que pienses qué criterio vas a tomar: geográfico, por tipo de leche, por familias de quesos, o si quieres ir más allá y ser más profesional en la materia, decídete entre: de tipo vertical -un mismo queso, pero con distintos meses de maduración-, o de tipo transversal -diferentes tipos de queso, con los mismos meses de maduración-. Todo depende de la ocasión y de tus gustos personales.

Algo importante si decides hacerla por el tipo de leche, es que deben estar presentes quesos de leche de los diferentes animales: vaca, cabra y oveja, que son los más habituales. Puedes incluir otros como queso de búfala para aportar contraste de sabores.

¿Cuántas variedades y cuáles?

A partir de cuatro variedades ya se habla de una tabla de quesos, pero según los expertos lo ideal es que tenga siete u ocho. Procura que cada uno sea de una familia diferente.

Estos son los quesos que no pueden faltar:

  • De pasta cocida: Gruyère, Emmenthal.
  • De pasta blanda enmohecida: Brie, Camembert.
  • De pasta prensada o dura: Manchego, Parmesano y Pecorino, que dan un toque más salado.
  • De corteza lavada: son los olorosos, como el Edam, el Gouda.
  • De pasta azul: de sabor intenso y picante como el Roquefort, el Bavaria Blue, el Stilton o el Gorgonzola.

Temperatura

No es preciso modificar su temperatura para que estén en su punto, lo mejor es consumirlos a temperatura ambiente o a la misma temperatura de la bebida con que los acompañes.

El corte de cada queso

La forma del queso determina cómo tiene que realizarse el corte para que el queso no se estropee y su presentación y degustación, sean perfectas.

  • Quesos cilíndricos grandes cuyo diámetro es mayor que su altura: el Manchego es un ejemplo; se corta primero en cuñas y luego cada cuña en láminas triangulares.
  • Quesos cilíndricos cuya longitud es mucho mayor que el diámetro: como el Provolone se cortan en rodajas.
  • Quesos cónicos: córtalos en rodajas empezando por la base y luego las rodajas en porciones triangulares.
  • Quesos de pasta blanda con corteza enmohecida: se cortan en porciones triangulares.
  • Quesos azules: se cortan en tacos o en rodajas biseladas.
  • Quesos rectangulares: si son de pasta blanda, en bastones. Si es un queso curado, en rodajas finas.
  • Quesos muy duros: en trozos irregulares o en lascas.
  • Los quesos muy grandes: se cortan en tacos o en rodajas finas procurando que, si tienen agujeros, estos se vean.

Cómo ponerlos en la tabla

Si vas a usar un plato redondo, sigue la dirección de las agujas del reloj para ir de más suave a más fuerte. Si usas una pizarra, van de izquierda a derecha. Es importante que la degustación siempre se haga del sabor más suave al más fuerte, para no perder los matices de ninguna variedad.

Acompañantes

El pan es fundamental para acompañar una tabla para quesos, te recomendamos que tengas uno de miga blanda y otro crujiente —pan tostado o crackers—. Los quesos de pasta blanda quedan perfectos con el pan de centeno.

Las mermeladas, las frutas deshidratadas como los dátiles, el dulce de membrillo e incluso la miel van súper bien con los quesos de pasta blanda y corteza enmohecida.

Las frutas dulces como las uvas, combinan muy bien con los de corteza lavada, como el Gouda. También son imprescindibles si nuestra tabla la servimos como postre.

Las frutas ácidas como la manzana y los arándanos ¡no deben faltar!, ya que son el complemento perfecto para limpiar el paladar entre un queso y otro.

Los frutos secos como nueces o pistachos combinan bien con los quesos, pero su plus está en aportar un toque crujiente.

La bebida ideal

Puedes optar por los vinos blancos, frescos, afrutados y ácidos, o por tintos jóvenes, sin olvidar los de cava, que siempre van muy bien con los quesos. Sírvelos bien fríos y refrescantes para que limpien el paladar en cada cambio de queso.

Las cervezas también son una buena opción, inclínate por las tipo lager o fermentadas, pero no tostadas ni demasiado amargas. Para quienes evitan las bebidas alcohólicas los jugos de frutas ácidas como la manzana, son perfectos.


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