¡Llega tú primero!

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Por Isabel Mirón de Toriello

Hoy se presentan muchos y nuevos retos para todos. Para los padres es esencial dar a sus hijos las herramientas necesarias para enfrentarlos con la mejor capacidad para realizarse en un mundo cambiante. Un reto medular ¡de vida o muerte! es la educación de la sexualidad o afectividad.

Si observamos a nuestro alrededor es el tema que con más intensidad y atractivo se vende en la calle, en la publicidad, en las películas, en un estilo de vida que en su vasta mayoría plantea un enfoque reducido de la sexualidad.

El anhelo más profundo
Las personas tenemos un deseo inherente de ser felices, además de la capacidad de soñar y cumplir metas que nos impulsan a una vida plena en la medida que involucramos todo nuestro ser en ello. La meta más grande o profunda, que integra todo el potencial o capacidad para realizarnos es el amor. Por lo mismo, si buscamos educar la sexualidad de nuestros hijos para una vida plena y responsable, educar la afectividad es lo más acertado: fortalecer su capacidad de amar y ser amados.

Dimensionemos un poco este tema. Los estudios y estadísticas de los últimos 20 años demuestran que la tasa de suicidios en jóvenes, las adicciones, depresiones, violencia, abuso, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y fracasos profesionales o personales están relacionadas directamente con la falta de ideales, valores, límites y carencia de relaciones «significativas» en la vida de los jóvenes y adultos. Estas relaciones que dan sentido a la vida de una persona inician en el seno de la familia, donde se nutre su anhelo de amor.

Esta tarea es trascendental e implica dedicarles tiempo: cantidad es calidad, amarlos es conocerlos, corregirlos, apoyarlos y motivarlos a cumplir sus propios sueños y metas… Los padres somos su mayor ejemplo, quienes más los influimos y damos significado a sus vidas mientras ellos buscan su propio «significado», su propio amor.

¿Cómo educar a los hijos en la sexualidad?

Va más allá de explicar cómo vienen los bebés al mundo o por qué los niños y las niñas son diferentes.

Educar en la sexualidad tiene muchas implicaciones. Te contamos ahora cuáles son las más esenciales.

El ejemplo vale más que cualquier palabra. Si respetamos y amamos a nuestro esposo, nuestros hijos se nutrirán de esta relación. Esta es la primera meta y sin duda la más difícil. Para amarnos es preciso respetarnos, ser amables unos con otros. Por ese mismo amor, los educamos.

Ser persona es ser alguien, no algo. Lo que hago a un cuerpo se lo hago a una persona. Somos una unidad; somos cuerpo. Respetar a la persona es un principio fundamental para convivir en paz. Si respetamos a la persona, es imprescindible respetar su cuerpo.

La sexualidad es una dimensión propia del ser humano, se manifiesta en todo su ser. Es una facultad originada desde la concepción en el ADN. Esta masculinidad o femineidad está presente en cada una de nuestras células y la cima de su manifestación es la complementariedad de una con otro.

Intimidad significa «dentro», «recóndito», lo más secreto. Las personas resguardamos nuestra intimidad de manera natural por nuestro propio bienestar. Esto es como cuando enseñamos a nuestros pequeños a no hablar o abrir la puerta de la casa a un extraño… Evitamos ser vulnerables para no ser lastimados. En la práctica, esto se llama pudor. Una adolescente, por ejemplo, guarda su diario como un tesoro preciado, esto mismo debemos fomentar con su cuerpo. Un ejemplo extremo de lo contrario es el «sexting», en el que se utilizan medios electrónicos para exponer su intimidad.

Vivimos plenamente nuestra sexualidad cuando comprendemos su dimensión desde el amor. Como definió Aristóteles: «Amor es el deseo de bienestar para el otro». Esto exige un compromiso permanente y exclusivo. No podemos decir a una persona que la amamos mientras esté bonita o por el fin de semana. Y menos que la vamos a querer a él o ella junto a otros tres. Cualquier persona para sentirse amada, requiere que se le ame de forma exclusiva y para siempre.

Tres puntos recomendados por el Dr. Jokin de Irala para responder a nuestros hijos en este tema son:

Revisar el contexto de la pregunta (qué quieren saber, a qué viene la pregunta). Ej: el padre brinda una gran explicación cuando el niño solo preguntaba qué era sexo porque lo tenía que marcar en una papeleta (masculino o femenino).

Explicar el tema acorde a su edad (lo más claro y sencillo posible). Ej: No respondo a mi hijo de 5 años ¿cómo nacen los hijos? con un video. Le basta saber que sale del vientre de la madre por la vagina, una salida especialmente diseñada para esto en el cuerpo de la madre.

Relacionarlo siempre a un valor (porque le estamos enseñando a amar). Ej: Mamá y yo nos preparamos con mucha ilusión y amor para recibirte el día de tu nacimiento. 


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