¿Son necesarias las actividades extra curriculares?

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No hay padre o madre que no presuma de las actividades extras en las que participan sus hijos. Al parecer corren tiempos en los que los niños tienen agendas tan apretadas que los obligan a cumplir no solo con el horario regular de la escuela, sino de forma adicional, con una serie de actividades que estarían preparándolos para un futuro globalizado y de extrema competencia. La pregunta es: ¿realmente son necesarias?

Hay cierta tendencia a hiperestimular a los niños debido a la creencia, primero de que a corta edad son capaces de aprender muchas cosas de manera simultánea, y segundo, que es preferible mantenerlos ocupados a que estén viendo televisión. Los padres están motivados por las mejores de las intenciones. Sacrifican su propio tiempo y esperan que ese cúmulo de conocimientos les augure un futuro prometedor.


Lo que deben plantearse los padres es si estas actividades son producto de la presión de grupo, de la competencia con otros padres, de la necesidad de materializar sueños personales a través de los hijos o de la poca tolerancia que existe hacia el ser niño como tal, y cuántas responden a las habilidades e intereses de los chicos. Otro punto a tomar en cuenta es si las clases de esto o aquello te permiten la convivencia con tus propios hijos o hace que se reduzca al mínimo.


El consejo más importante que podemos darte es que las actividades que verdaderamente van a disfrutar, que los harán sentirse realizados y emocionados son aquellas a las que se vinculan de forma voluntaria. Para llegar a este punto, primero debes evaluar la situación desde estos ángulos:

¿Qué pasa contigo?

Pregúntate qué es lo que ocurre en tu núcleo familiar. Si las actividades se están convirtiendo en un escape de casa y de la convivencia con los niños; si no estás proyectando necesidades o aspiraciones personales en tus hijos; si la presión de grupo es la que te obliga a seguir el ritmo de los otros padres… Hay que partir de algo para establecer los razonamientos de por qué mi hijo asiste a esta y a esta actividad.

Lo que los niños quieren

De las actividades a las que asisten los niños, ¿cuáles eligieron ellos y cuáles has elegido tú? Para saber qué es lo que les gusta, hay que encontrar los espacios para ellos, de ellos y en función de ellos. Así sabrán que quizá tienen una veta más artística que deportiva. Si haces contacto con tu hijo, entras en su vida, sintonizas con él, sabrás lo que le gusta y entonces esto puede servirle.

Respetarlos

¡Por sobre todas las cosas! Quizá su elección no sea la que tu elegirías, pero es la de ellos y habrá que respetarla. Es un ejercicio de tolerancia. Además, tal vez no se convierta en el mejor futbolista -como tu quisieras- pero más adelante te sorprenda cuando encuentre en la medicina o el periodismo deportivo, otra forma de plantear esa afición paterna.

Prueba y error

Los niños deben descubrir sus propias rutas e intereses y habrá que apoyarlos hasta encontrar aquello que les guste de verdad. Más adelante tal vez se de cuenta que finalmente no es lo que quiere, pero habrás estado ahí para escucharlo, para acompañarlo y él estará en paz con las personas que ama.

La mejor relación

Más que ir de un lugar a otro, de ajustarse a apretados horarios, de obtener muchos diplomas, los niños esperan la presencia de las personas que son significativas para ellos. Esperan un tiempo para conversar y hacer cosas juntos. Será un tiempo vital que les dará seguridad y los ayudará a tomar las mejores decisiones en su vida adulta.

Todo con medida

Cuando el niño tiene alguna dificultad con una materia, se justifica el apoyo de un tutor, pero no el que estas clases se conviertan en una extensión del colegio, al grado que lo dejen sin tiempo para ser niño. Según este psicólogo, las anteriores generaciones no se vieron presionadas como las actuales a mantenerse ocupadas, hubo más expresión de genialidad y creatividad y no manejaban esta filosofía del niño hiperestimulado.

En los últimos años estamos viendo jóvenes con una falta de interés, deseo e ilusión por la vida, ¿será acaso por esa presión a la que son sometidos cuando son muy pequeños, que los deja exhaustos antes de convertirse en adultos? Es algo que todos deberíamos pensar.


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