¿Hierbas frescas o secas?

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Si te gusta cocinar, seguro te has hecho esta pregunta: ¿debo usar hierbas frescas o secas? Ambas tienen su lugar en la cocina, y la clave está en saber cuándo elegir una u otra para que tus platillos exploten de sabor. Aquí te contamos las diferencias y te damos tips fáciles para sacarles el máximo provecho.

Para empezar

¿Cuáles son mejores frescas y cuáles son mejores secas? Si te encanta el sabor que dan las hierbas a tus platillos, pero no tienes la respuesta a esta pregunta, toma nota de lo siguiente. 

Frescas

En la cocina hay ciertas hierbas que es mejor usar frescas. En este caso, te recomendamos que las cultives, porque además de poder utilizarlas cuando quieras, son un lindo elemento decorativo y aromatizan tu cocina.

Aunque sirven muy bien secas, las siguientes hierbas recién cortadas, quedan muy, muy bien al usarlas frescas:

  • Perejil
  • Albahaca
  • Menta
  • Cilantro
  • Estragón

Secas

Algunas hierbas secas mantienen buena parte de sus propiedades aromáticas y es por eso que es una buena idea usarlas de esa manera. Estas son las que no pierden sus propiedades:

  • Orégano
  • Romero
  • Mejorana
  • Tomillo
  • Salvia

Hierbas frescas vs. hierbas secas: ¿cuándo usar cada una?

Independientemente de qué hierbas quedan mejor frescas o secas, saber cuándo usar cada una de estas dos opciones te dará resultados fantásticos.

Hierbas frescas: sabor vibrante

Las hierbas frescas tienen un sabor más suave, aromático y hasta un poco cítrico. Son perfectas para darle un toque final a tus comidas o para platos donde no se cocinan mucho.

¿Cuándo usarlas?

  • Ensaladas
  • Salsas frías (como pesto o chimichurri)
  • Platos ya cocinados, como guarniciones o toppings
  • Sopas, pastas y carnes (al final de la cocción)

Tip: añádelas justo antes de servir, para que no pierdan su color ni su frescura. Además, cortarlas con las manos o con cuchillo bien afilado ayuda a liberar sus aceites y su aroma.

Hierbas secas: sabor intenso y cocina lenta

Las hierbas secas como orégano, tomillo, romero o laurel tienen un sabor más concentrado porque al secarse pierden agua, pero conservan los aceites esenciales que aportan profundidad. Son ideales para cocciones largas o platillos con salsas espesas.

¿Cuándo usarlas?

Desde el inicio de la cocción de:

  • Guisos y estofados
  • Marinados y adobos
  • Platos al horno o asados
  • Sopas o caldos… ¡desde el principio!

Tip: usa menos cantidad que con las hierbas frescas (la regla es 1 parte seca = 3 partes frescas). Si puedes, frótalas con las manos antes de añadirlas: esto reactiva sus aromas.

En resumen:

  • Frescas: toque final, sabor delicado, platos fríos o recién servidos.
  • Secas: cocción lenta, sabor profundo, desde el inicio.

Ideas para conservarlas

Cubitos llenos de sabor

Una buena idea es conservarlas en mantequilla, para esto usa un recipiente para hacer hielo, incorpora en trozos pequeños las hierbas que deseas conservar, luego cubre con la mantequilla derretida y deja que se solidifique. Guarda los cuadritos en la refrigeradora. Tendrás como resultado unos cubitos de mantequilla aromatizados ideales para los guisos. Los cuales solo necesitarás poner en un poco de calor y al derretirse estarán listos para utilizarse.

Ramitos

Si quieres optar por un proceso más sencillo, lava las hierbas y sécalas en toallas de papel. Forma pequeños ramitos, amárralos con una cuerda y cuélgalos boca abajo en algún lugar fresco, seco y oscuro. De 15 días a un mes las hojas estarán secas y podrás guardarlas en frascos de vidrio o en bolsas ziplock.

Aceite de oliva o vinagre

Otra opción es introducir las hierbas en aceite de oliva, vinagre de manzana o vinagre de vino blanco y guardarlas en un lugar seco y oscuro durante 15 días. Después de este tiempo tendrás aceites y vinagres aromatizados ideales para usar como vinagretas en las ensaladas y condimentos.

Congélalas

Si quieres una solución aún más rápida, opta por lavar muy bien las hierbas y congelarlas. Extiende las hojas y pon una rama encima de la otra en bolsas herméticas que resistan el proceso de congelación, acomódalas una encima de la otra así cuando requieras una te será fácil sacarlas y usarlas.

Ambas, frescas y secas, son grandes aliadas en la cocina. Saber cuándo usarlas hace que cada platillo tenga el sabor perfecto, ni más ni menos. ¡Así que llena tu despensa y tu jardín, y ponle alma a tu comida!


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