Tolerancia

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Sumamente importante siempre, pero en los tiempos que vivimos, la tolerancia nos ayudará a poder adaptarnos a los cambios y sacar lo mejor de ellos.

La tolerancia es un valor que se escucha en muchos ambientes: en las relaciones sociales, en la política, en los estilos educativos y hasta en los decorativos.

La tolerancia es el respeto a ideas, actitudes y opiniones de otras personas.

Cuando asumimos no solo el significado sino las implicaciones de la tolerancia, enfrentamos un desafío interesante que posibilita la aceptación y el respeto en nuestras interacciones con otras personas.

¿Cómo integrarla a nuestra vida?

En la familia tolerante, la persona va descubriendo su propio valor, tejiendo su perfil personal y creciendo en su estima. Esto le permite ser quién es y descubrir quién está llamado a ser, por lo que construye una identidad más proactiva y balanceada.

En las relaciones interpersonales, la tolerancia fortalece los vínculos, permite diálogos más abiertos, por lo que las personas son escuchadas y sus ideas reconocidas y respetadas.

Una persona tolerante tiene la virtud de la flexibilidad y, por lo tanto, se adapta mejor a los cambios y a las situaciones vulnerables de la vida. Por el contrario la persona rígida y centrada en su propia opinión, quiere imponer, controlar a los otros, limitando su crecimiento y el de las personas cercanas a ella.

Además, pierde identidad pues deja de conectarse con su esencia personal, y no sabe diferenciar lo que quiere, lo que piensa y lo que siente. Se desconecta así de su propósito personal de vida y es muy probable que se aísle, apartándose de las personas que ama.

Como padres, el espacio para educar en la tolerancia es un desafío maravilloso. La paciencia y comprensión son herramientas útiles para aportar cimientos en los hijos y jóvenes con el fin de prepararlos para tomar decisiones, elegir caminos y caminar a su propio ritmo.

Especialmente, busquemos cuidar este valor de la tolerancia, con las personas que más amamos, ya que nos permite vivir ese amor incondicional y auténtico que no depende de las apariencias, cualidades o defectos… se acepta al otro tal cual es, en mutua confianza y respetando las diferencias.

¿Por donde empezar? El punto de partida está en uno mismo, en llenar nuestros tanques personales de amor y tolerancia hacia nosotros mismos. Solo así llegaremos al amor incondicional por los demás.


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